Kumiai aplican sabiduría tradicional contra el cambio climático

por Melóncoyoteenero 6, 2018
 

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En la internacionalmente publicitada Ruta del Vino de Baja California, un destino popular son los viñedos de L.A. Cetto, productor a gran escala de vinos de mesa. Al lado se encuentra la rustica y encantadora Casa de Doña Lupe, vitivinícola familiar con muchos seguidores locales.

Pero no todo se trata de la cultura de la cata de vinos durante una visita al Valle de Guadalupe. En el mismo camino se encuentra una puerta a una cultura totalmente diferente, asentada desde siglos antes de la llegada de los europeos y rusos promoventes de la vinificación mexicana: el Centro Ecoturístico Siñaw Kuatay del pueblo indígena Kumiai de San Antonio Necua.

Foto: Talli Nauman

Gracias a este proyecto, una generación completamente nueva de Kumiai aprende y rescata sus tradiciones casi perdidas, dentro de las cuales se encuentran la lengua indígena y el conocimiento que ella aporta para la protección del hábitat nativo necesario para la subsistencia.

Cabañas, campamentos, paseos a caballo, caminatas, ciclismo, deportes acuáticos, un museo, una tienda de regalos, clases de cocina y un botiquín con medicinas naturales proporcionan atracciones que generan dinero para ayudar a la comunidad, restaurar el balance de la naturaleza, y promover el orgullo por la sabiduría ancestral.

Liderado por una cooperativa de mujeres desde el 2003, el proyecto ha recibido una amplia participación del gobierno, la academia y consultores no gubernamentales; ganó el Premio Nacional al Mérito Forestal en 2009, y ha servido como un modelo de desarrollo sustentable para las otras tres comunidades Kumiai localizadas en Baja California.

La Comisión Nacional Forestal ha mostrado especial interés en el proyecto por su papel de señalar el camino a la mitigación, adaptación y resiliencia ante el cambio climático.

Al vivir de la tierra y depender del clima para la agricultura y la ganadería, los Kumiai se encuentran entre los primeros que padecen de los destructivos impactos del calentamiento global causados por el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Foto: Talli Nauman

“Con el frio extremo y el calor extremo los arboles se dañan por plagas. Los animales se mueren por el frio. Los cítricos se helaron. Cuando estamos en otoño, se siente que estamos en pleno verano. Son los cambios con los que hay que estar lidiando”, dice Leticia Arce, integrante del proyecto.

Siñaw Kuatay significa Bellota Grande. El logotipo del proyecto se esboza a partir de una bellota, alimento básico que es su símbolo de regeneración.

En el centro del pueblo se encuentra un encino gigante con grandes ramas, un miembro venerable de la especie que produce la semilla de la núcula. Es el punto de reunión para las ceremonias anuales que atraen visitantes de México y de Estados Unidos.

Las festividades se celebran con cantos, sonajas y bailes para honrar a la naturaleza, así como un juego parecido al hockey llamado piak, y por supuesto la comida típica y una feria artesanal en la que destaca la joyería tallada de bellotas.

Al decir de la lugareña Rosa Morales Domínguez, el abuelito árbol que anfitriona todo esto tiene “sus raíces tan profundas que sobreviven a la sequía en todo el estado”, y agrega:

El encino es parte de la cultura. Por eso es una especie protegida de por sí. Proporciona comida, sombra, y fortaleza. No permitimos ningún daño. Tratamos de protegerlo.

A pesar de que San Antonio Necua ofrece poca diversidad en especies de árboles, la comunidad nunca corta un encino para quemar su madera. En su lugar usan como combustible un arbusto ralo. “Sólo se usa la leña de manzanita”, dice Morales.

Foto: Talli Nauman

El origen de los Kumiai en esta área se remonta a 12 mil años. Cada solsticio de invierno, su cultura reconoce el comienzo del crecimiento de las horas de la luz del sol y el retorno de su energía vital para los cultivos domésticos y las plantas silvestres que proveen sustento.

Con tan solo 250 miembros en la comunidad de San Antonio Necua, así como un total de 6 mil Kumiai entre los cuatro asentamientos Kumiai de Baja California y los 13 del condado de San Diego, California, el gobierno de México considera que esta etnia se encuentra en gran peligro de extinción.

La gente de Siñaw Kuatay, empero, hace grandes esfuerzos para preservar, ampliar y desarrollar su cultura, su cosmovisión, sus tradiciones y su forma de vida.

Quedan solo cuatro hablantes de la lengua Kumiai en San Antonio Necua, el asentamiento más grande de la etnia en el estado. Pero ahora hay cursos de la lengua de lunes a viernes.

Hace unos 200 años, la gente dejó de producir vasijas de barro para cocinar, pero ahora revive la técnica para su venta. La fabricación de cestas ha continuado a través de los años y produce algunas de las obras más codiciadas en su género.

Mantienen las costumbres gastronómicas. Las bellotas se muelen para hacer harina, misma que se cierne, lava, cuela, y seca, convirtiéndola en un nutritivo atole. La jojoba produce otra nuez, que aquí se come como almendra. La gente también cosecha piñones, yuca y miel silvestres. Las semillas de palma y la calabaza están en el menú.

Foto: Talli Nauman

El cultivo de plantas y la cría de animales domésticos llegaron con los misioneros, adicionándose a los productos de caza y recolección en la vida de la comunidad. “La ganadería es muy importante”, dice Arce. El ganado y las cabras producen la materia prima para la elaboración local de queso.

Se está compilando un libro con recetas de la cocina tradicional. Un jardín botánico, repleto de plantas medicinales, es la joya del complejo Siñaw Kuatay. “Reforestamos con plantas de la comunidad, que son usadas como medicina y comida, para enseñar a respetarlas”, explica Arce.

En recorrido, enseña las hierbas de menta, té negro, ruda, hierba santa, islaya (para el dolor de cabeza), valeriana, y chakpil (hierba olorosa), entre otras.

Para apoyar al proyecto, la Comisión Nacional Forestal ha proporcionado capacitación en gestión de negocios y ecoturismo, así como 12 asadores, una palapa central, rehabilitación del área de acampado, colocación de jardineras, sendero interpretativo, capacitación para guías de turistas y apoyo para la constitución legal de la microempresa.

Unos 400 visitantes acuden al mes. Por logros como eso, se replica el proyecto en la comunidad indígena Pai Pai Misión de Santa Catarina y en la comunidad indígena Kumiai de La Huerta. Haga clic para más información.

Este artículo fue publicado originalmente en Melóncoyote y se reproduce en IC con permiso.