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En la madrugada del 21 de Diciembre del 2016, docenas de policías allanaron la sede de la Federación Interprovincial de Centros Shuar (FISCH) en la Amazonia Ecuatoriana y arrestaron arbitrariamente a su presidente, Agustín Wachapá. El líder indígena fue arrojado al piso, pateado, pisoteado y humillado por los policías enfrente de su esposa. Después, arrasaron con la oficina de la Federación Shuar – destruyendo el mobiliario y llevándose computadoras – y de acuerdo con Tania Shiki, esposa del líder indígena, Wachapá fue llevado sin decirle el motivo de su detención, y sin presentarse ninguna orden de aprehensión en su contra.

Agustín Wachapá ha sido acusado de llamar públicamente a la movilización y resistencia violenta en las comunidades Shuar en contra de las fuerzas de seguridad pública en San Juan de Bosco – donde la comunidad indígena Nankints fue desalojada y sus hogares demolidos para abrir paso a una mina de cobre a cielo abierto de la empresa china Explorcobres S.A (EXSA). En los dos meses desde el desalojo forzoso, miembros de las comunidades aledañas a Nankints han intentado dos veces recuperar el territorio que les fue arrebatado. El 14 de Diciembre, el segundo intento de tomar la mina dejó como saldo la muerte de un policía y a otros siete miembros de la fuerza pública heridos.



El gobierno ecuatoriano declaró entonces un estado de emergencia, suspendiendo los derechos básicos como la libertad y el derecho a reunión, libertad de tránsito, y otras garantías individuales, así como concediéndole al ejército el poder excepcional de entrar a domicilios particulares y arrestar a personas arbitrariamente sin orden judicial ni evidencia. Una abrumadora presencia militar fue desplegada a través de la provincia amazónica para reforzar la seguridad alrededor de la mina china y reprimir a la disidencia, provocando que Domingo Ankuash, el líder histórico de los Shuar, hiciera un llamado a las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales de derechos humanos a monitorear la militarización de los territorios ancestrales de este pueblo, al cual calcula que han sido enviados 8,000 miembros de alto rango del ejército – tanto marina, fuerza aérea y terrestre – así como 4 tanques de guerra, drones de vigilancia, globos aerostáticos, satélites móviles y helicópteros de combate.



La región, conocida como la Cordillera del Cóndor, es donde los bosques de niebla de las laderas orientales de los Andes dan lugar a los vastas selvas tropicales de la cuenca del Amazonas y contiene uno de los ecosistemas más ricos en biodiversidad. Una vez en funcionamiento, la mina de Explorcobres S.A. (EXSA) – una empresa conjunta de Tongling y China Railway Construction- sería la segunda mina de cobre más grande del planeta y produciría un estimado de 1.2 billones de dólares en regalías para el gobierno ecuatoriano. También destruiría 41, 769 hectáreas de selva tropical y tierras de agricultura rural, muchas de las cuales pertenecen al pueblo Shuar.

Como es el caso con muchos otros proyectos mineros de gran escala en todo Ecuador, no se realizó Consulta y Consentimiento libre previo e informado sobre la exploración y explotación de los minerales debajo de la tierra de Nankints, con lo que Explorcobres S.A (EXSA) cometió una violación directa a la Sección 7 Artículo 57 de la Constitución Ecuatoriana, así como a los derechos plasmados en los artículos 7 y 15.2 de la Convención 169 de la Organización Internacional del Trabajo (ILO), y el Artículo 19 de la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de las Naciones Unidas.



Ahora, casi un mes y medio después de su arresto arbitrario, Agustín Wachapá está detenido en una prisión de máxima seguridad, cerca de la capital, Quito, cientos de kilómetros lejos de su familia, a pesar de un llamado de Amnistía Internacional para respetar sus derechos judiciales. El estado de emergencia en Morona Santiago ha sido extendido por otros 30 días, y se ha impuesto un silencio informativo, obligando a 15 estaciones de radio comunitarias a retransmitir la estación Radio Público, controlada por el gobierno.

Mientras tanto, el gobierno intensificó su persecución del supuesto “grupo armado ilegal” involucrado en los violentos ataques a Explorcobres S.A., pero los líderes comunitarios denunciaron que esto ha degenerado en una cacería de brujas para capturar y arrestar personas de influencia como maestros y jefes de familia, líderes pertenecientes a comités regionales opositores a la mina, así como algunos jefes de familia cuyas casas fueron demolidas en Nankints. Toda esta gente tienen una cosa en común: la mayoría son varones indígenas en edad militar.



“El gobierno de Rafael Correa está empujando a las Fuerzas Armadas a cumplir un papel que nunca antes habíamos visto, ni siquiera en épocas de dictadura” dijo Jorge Herrera, líder indígena del Pueblo Kichwa de la vecina zona montañosa de los Andes. Como presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), Herrera ha expresado su creciente inquietud por la expansión militar dentro de la Cordillera del Cóndor en nombre de otros 14 pueblos indígenas de Ecuador que pertenecen a la confederación. “Los militares no están defendiendo la seguridad de la población, sino la de las empresas transnacionales que tienen concesionadas grandes hectáreas de territorio ecuatoriano como propiedad privada.”

Desde Dayuma hasta Sarayuku, el gobierno del Presidente Correa anteriormente ha empleado su inmenso poder militar en contra de las comunidades rurales e indígenas que se oponen a la expansión de la industria minera, pero la actual movilización de las fuerzas de seguridad pública en Morona Santiago no tiene precedentes en cuanto a alcance y extensión en la historia moderna del país. Desde 1995, durante la Guerra del Cenepa entre Ecuador y Perú, no se había visto tal aglomeración masiva de fuerzas armadas a lo largo de la frontera peruana en las crestas occidentales de la Cordillera del Cóndor. Pero en 1995, en un papel totalmente opuesto, el entonces presidente Sixto Durán Ballén encomendó a los shuar trabajar con los militares para defender el territorio ecuatoriano ante un ejército extranjero.

“NO CEDEREMOS NI UN MILÍMETRO MÁS”



La Guerra del Cenepa fue la tercera confrontación militar entre Ecuador y Perú desde 1941. Ecuador ya había sufrido dos vergonzosas derrotas militares en las dos batallas contra Perú, así como la anexión de casi un tercio del antiguo territorio del país – cientos de miles de kilómetros de tierras ricas en petróleo y minerales en la selva Amazónica. Hasta su resolución en 1998, la disputa fronteriza entre los dos estados-nación se convirtió en el conflicto armado más largo en el Hemisferio Occidental, y en 1995, cuando la Amazonia era un escenario de guerra moderna, este antiguo pueblo conocido como los shuar, se estaba uniendo masivamente a la milicia ecuatoriana.

Un himno militar llamado “No cederemos ni un milímetro más” se estuvo transmitiendo en canales de televisión en todo el país para reclutar hombres jóvenes a unirse al ejército ecuatoriano y defender las fronteras de la nación en contra de los peruanos. El himno televisado presentaba clips de multitudes patrióticas ondeando banderas ecuatorianas, ataúdes de los caídos siendo transportados por helicópteros militares, así como soldados en lanchas motorizadas armados con metralletas, escudriñando la espesa vegetación de las orillas de los ríos en busca de invasores peruanos. El discurso del entonces presidente Sixto Durán llama al fervor patriótico – uniendo al pueblo ecuatoriano a defender la patria en contra de un enemigo en común – y el coro “Héroes de Cenepa, todos somos héroes” es cantado mientras un líder indígena habla a los medios de comunicación, luciendo su tradicional corona de plumas, que orgullosamente se mostraba en la pantalla.



Los shuar siempre han sido una fiera y orgullosa nación de guerreros — temidos por su antigua práctica de encoger y momificar las cabezas de los enemigos matados en combate en los tiempos antes del contacto — y eran respetados y admirados por sus compañeros militares. En la guerra del Cenepa fueron encargados de transportar comida y municiones en terrenos inhóspitos de la selva, de realizar misiones de reconocimiento alrededor de campos enemigos y de luchar en primera línea de la Amazonia – una cuenca rica en minerales en el río Cenepa dentro de la montañosa Cordillera del Cóndor. Aunque la antigua tradición de cortar cabezas ya no era practicada por los shuar, las hazañas en el campo de batalla de la Amazonia de una unidad elite de fuerzas especiales formada por indios Shuar y sus primos étnicos los Achuar, capturó la imaginación de los ecuatorianos. Eran conocidos como la Brigada Arútam, o los Iwias – Demonios de la Selva – y se convirtieron en el orgullo de la nación. Ellos eran los Héroes del Cenepa.

Cuando caía la noche en la Cordillera del Cóndor, cuenta la leyenda que, poseídos por el espíritu de Arútam, estos comandos indígenas podían entrar al campo enemigo con el sigilo del jaguar y la astucia de la anaconda, y después desaparecer en la noche tan silenciosamente como habían entrado, sin ser notados por los vigías. Cuando los soldados peruanos despertaban al amanecer del día siguiente descubrían la intrusión al encontrar a miembros de su regimiento que no se movían y seguían como dormidos, pero muertos y sin cabeza.

Estas míticas historias de guerra de la Brigada Arútam en el campo de batalla Amazónico no sólo canonizó a los Shuar como defensores de la patria en tiempos en que la confianza del pueblo ecuatoriano en su propio ejército había sido quebrantada por las dos derrotas militares previas; también metieron miedo en el corazón del ejército peruano. El pueblo Shuar ayudó al gobierno ecuatoriano y a su ejército a ganar la Guerra del Cenepa – Ecuador no cedió ni un milímetro más de su territorio a su mucho más grande vecino Perú, y los Shuar estaban orgullosos de haber apoyado a su ejército y a su país cuando más los necesitaban.

“Nuestra selva se ha teñido con lágrimas, angustia y sangre” declaró el pueblo Shuar Arutam en una carta a su país y al mundo en enero del 2017.”Los senderos y caminos que antes transitábamos en paz ahora se han vuelto inseguros y peligrosos. Han pasado casi 30 años cuando los ecuatorianos hablaron de nosotros como los guerreros del Cenepa, defensores del Ecuador, al cual pertenecemos. Pero ahora es necesario que por nuestra propia voz conozcan quiénes somos.”

ELECCIONES PRESIDENCIALES EN ECUADOR Y REACCIONES CONTRA EL BOOM MINERO



“El pueblo Shuar estuvo conmigo en la guerra que ganamos y el Ejército también.” dijo  Paco Moncayo, un ex general de la Guerra del Cenepa que se está postulando en las elecciones presidenciales contra Lenin Moreno, el sucesor elegido del Presidente Correa.  “Lo que está ocurriendo me duele muchísimo. Aquí en este momento no cabe declarar el estado de emergencia en Morona Santiago, sino un estado de diálogo. Es necesario entender el punto de vista de las comunidades; su cosmovisión. El Estado no puede atribuirse que todos somos homogéneos y debemos pensar como el Estado. Cada pueblo ve al territorio de forma distinta.  Los Shuar son un pueblo que ha peleado por su territorio.”

El conflicto con los Shuar no pudo haber llegado en un peor momento para el Presidente Correa y su partido gobernante Alianza País. Las votaciones iniciales comienzan el 5 de febrero, y el levantamiento indígena en la Cordillera del Cóndor de nuevo ha arrojado luz sobre el lado oscuro de la llamada “Revolución Ciudadana” del Presidente Correa. El presidente saliente ha empleado sumas de dinero inusitadas en proyectos de infraestructura y programas sociales en su ambicioso proyecto socialista, pero la combinación de la caída en los precios del petróleo, mala administración económica y numerosos escándalos de corrupción casi han llevado al país a la bancarrota.

China realizó varios préstamos multimillonarios para sostener artificialmente la economía ecuatoriana y con ella la popularidad del Presidente Correa. Le llevará generaciones a Ecuador el saldar esta deuda, y en los últimos años, la empobrecida administración del Presidente Correa ha vendido a los chinos concesiones mineras que abarcan un tercio de la vasta selva Amazónica del país, además de abrir para la minería grandes secciones de pantanos y bosques de niebla vírgenes en los Andes en ecosistemas frágiles como Intag y Quimsacocha.

Estas minas ahora llegan más profundo, y son más invasivas y destructivas que nunca para los ecosistemas ricos en biodiversidad y las comunidades rurales del Ecuador, evidenciando la etiqueta de socialismo del Presidente Correa como lo que realmente es: un neoliberalismo militarizado donde cualquiera que tenga la mala suerte de vivir encima de un yacimiento mineral o petrolero es despojado de sus derechos a punta de pistola.

Mientras el líder de la federación Shuar Agustín Wachapá se encuentra en prisión, sus pensamientos sin duda invocan la memoria de José Isidro Tendetza Antun – otro líder Shuar que luchó en contra de otra mina de cobre a cielo abierto en la Cordillera del Cóndor. El Mirador fue la primera mina a cielo abierto en el país y fue considerada como el antecedente del auge de la industria minera en la nación.

Tendentza, no obstante, fue una nueva clase de guerrero Shuar que no necesitó de lanza, cuchillo, o Kalashnikov para hacer que los nuevos invasores de la amazonia ecuatoriana le temieran – la industria extractiva en Ecuador le temía aún más porque inspiraba a una nueva generación sobre el poder y los principios de una resistencia no violenta y la desobediencia civil. Tendenza daba discursos en los ayuntamientos, escribió cartas abiertas y habló en la radio comunitaria, organizando protestas pacíficas y asegurándose de que el mundo estuviera observando en caso de que la industria minera y las fuerzas de seguridad ecuatorianas decidieran derramar sangre.


Shuar protesta no violento para bloquear policía de anti-disturbio en la carretera en Nankints, parroquia de Carlos Pananza.

Por su trabajo, Tendetza recibió constante hostigamiento y amenazas de muerte en su contra – como en el 2012, cuando su casa y cultivos fueron incendiados por hombres que su familia identificó como empleados de la mina china. El difunto líder presentó una queja ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y en 2014, mientras el líder Shuar se preparaba para ir a Lima, Perú a dar un discurso en la Conferencia sobre Cambio Climático del 2014, desapareció.

Después de un aviso, el hijo de Tendetza encontró a su padre en una tumba sin nombre. Había marcas de estrangulamiento alrededor del cuello, así como huesos rotos y otras marcas de tortura en el cuerpo del líder Shuar, y sus brazos y piernas estaban atados con una cuerda azul. Tendetza fue el tercer líder Shuar en ser asesinado violentamente por oponerse a la industria minera, junto con Bosco Wisum en el 2009 y Freddy Taish en el 2013. Agustín Wachapá, sin embargo, es víctima de otro tipo de violencia que el gobierno ecuatoriano inflige en los líderes indígenas que se oponen a la minería: persecución política y judicial.

José Isidro Tendetza tenía 47 años cuando fue asesinado. Sus hijos lo recuerdan por su rectitud y capacidad el trabajo.



“El gobierno utiliza métodos punitivos para frenar la firme e histórica resistencia de las nacionalidades amazónicas contra los proyectos extractivos,” dijo Andrés Tapia, dirigente de comunicación de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonia Ecuatoriana (Confeniae) a International Cry Español. Tapia también está siendo perseguido por el sistema judicial ecuatoriano para silenciar su trabajo difundiendo noticias de la violencia perpetrada por la industria minera en Ecuador.  “Tal persecución no se detendrá, al contrario se intensificará con el único fin de minar el campo organizativo y avanzar con los negocios del gobierno en el mercado capitalista.”

“Las invasiones de las empresas petroleras y mineras, hoy chinas y canadienses, y otras en complicidad de este régimen, con su ejército, policías y sus seguidores, han incursionado la invasión territorial al pueblo shuar y a otros pueblos más débiles de este país.” dijo Domingo

Ankuash, el líder histórico de los Shuar.  “La Constitución, Convenios y las declaraciones internacionales de los derechos humanos y la misma Naciones Unidas, no tienen valor, ni poder coercitivo para detener una agresión, así, como el pueblo shuar está sufriendo en estos momentos y aún más las violaciones de los derechos humanos.”



El 27 de enero, 100 policías irrumpieron en la sede de la Federación Shuar por segunda ocasión desde el encarcelamiento de Agustín Wachapá un mes antes e incautaron el equipo utilizado para la transmisión de Radio Shuar Arutam.  Un día antes, la estación de radio comunitaria transmitió un mensaje sacado de la prisión de máxima seguridad en el otro lado del país donde Wachapá se encuentra arbitrariamente detenido. Era la voz del propio líder Shuar Agustín Wachapá:

“Hoy más que nunca quiero recalcar, y denunciar ante diferentes instancias nacionales e internacionales la violación de los Derechos consagrados en la Constitución. Mientras el pueblo defiende los recursos naturales de nuestro suelo, cuando los intereses de los gobiernos de turno han sido saquear la riqueza del pueblo ecuatoriano. El pulmón de la amazonía existe, y nuestra amazonía no debe ser vendido, debe ser defendido”.